miércoles, 5 de septiembre de 2018

Despreciable

¿Bendecida de qué? ¿De haber sido escupida por el culo de Tutivillus en alguna de sus orgías? 

¡Farsante! ¡Mentirosa! Ávida de ganas de excitar tu gula bajo el bombillo morado de un burdel de muertos. Ni eres blanca, ni eres negra. No existes. Ocultas un hermafrodita mental en tus entrañas. Y aún así ríes, cuando realmente estás parada en medio de la tierra que quedó de lo que Moisés separó en su momento. A los lados tuyos solo hay lixo, deshechos tóxicos que invaden tu desliz. 

Grita sola tu nombre, trata de encontrar el aleteo de tu propio fantasma. Hazte tuya. Masturba a los cretinos si es que algo de eso queda en tus recuerdos. Pareciera que los cerdos a los que alimentan unos gnomos, no se sacian de ti. Enciendes la cámara y bailas confiada, creyendo que aportas al mundo tu felicidad prestada, mientras el depresivo editor me dice que se siente perdido, buscando algo de consuelo en mí. Un consuelo que jamás encontrará en medio de mis apetencias. El pobre editor nada entre sus propias desventuras. 

Perdiste todo frente a mis ojos. Estás caída y crees que aún tienes brillo. La sociedad entera te escoge en silencio como la más aplicada payasa que jamás se ha visto, mientras, al tiempo, te palmea la espalda y te da besitos para darte confianza, para que sigas creyendo en tu propia mentira y los sigas haciendo reír. Los oficinistas comentan , detrás de ti, lo miserable que eres. 

No te pongas triste porque no te invitaron a la fiesta. Entiende que eres prescindible. Explotaron tu cabeza, usaron tu inocencia y luego te arrojaron a la calle, mientras ellos se quedaron en la mansión, manoseando a tus hijos y hurgando sus orificios.

Mientras tanto, tú sigues vomitando imágenes virtuales en donde te ufanas de ser como eres y en donde dejas claro que nada te importa. Repitiendo la misma monotonía de palabras perdidas en otro tiempo, la misma cacofonía de tu mente; una era recorrida ya; un desencanto ya visto; un velo que se rompió en la mitad de la euforia y que incendió aquel rincón donde jugabas a tocar una guitarra imaginaria cuando eras niña y pensabas que existían los sueños. 

No siempre los monumentos que se construyen, homenajean a los héroes. No siempre, amor mío. 

Por ahora sigue saltando con tu bikini y tu disfraz de heroína empoderada, mientras te veo reír y me río cuando te comparo con esa otra mujer que de tanto odiarse a sí misma, quisiera reventar en llanto. 

Todo lo que siento hacia ti es compasión. No hay nada más barato en el mercado.

¿Dónde quedaron los atardeceres en la playa? ¿Te acuerdas cuando juntos íbamos a tomarnos un trago mientras me extirpaba los sesos tratando de escoger entre el sol anaranjado o tus ojos verdes?

Somos el trío perfecto de la decadencia. La cama no quiere vernos a los tres convertidos en espectros. 

¿Qué hacemos con el editor que me pide libros nuevos? ¿Qué hacemos con los deseos rotos?  

¿Dónde estarás tú? ¿Por qué no vuelves a abrir la ducha del baño del penthouse de aquella alcantarilla y bailas para mí? ¿Qué mal le he hecho a los chicos con síndrome de Down que viven a la vuelta de mi casa, como para que no me lances sonrisas desatadas de tus labios gruesos? 

Si las estrellas y las constelaciones te vieran, reprimirían su luz… aunque fuese un resplandor extinto. Como tú, mi vida. 



No hay fortuna, ¿sabías eso?


viernes, 11 de mayo de 2018

Débora: Respuestas sobre el proceso creativo de la serie.

Próximamente se llevará a cabo un artículo sobre la serie Débora: la mujer que desnudó a Colombia, la cual escribí junto a Janeth Pacheco y Carlos García.

Acá un fragmento de una entrevista que me hicieron: 

Iván Beltrán: - Qué reflexiones, revelaciones y certezas surgen después de haber indagado en el tránsito de Débora Arango?
Andrés Salgado : Lo que me queda son tres aspectos:
  1. Su convicción: Débora fue una mujer que estaba convencida de que pintar era lo que quería hacer en su vida. Pero no quería ser una pintora cualquiera. Débora optó por recorrer los laberintos más excéntricos del arte de su época y quería hacerlo a su manera. Esa convicción y pasión, la hicieron superar todos los obstáculos y prevenciones que se le atravesaron y eso, desde mi punto de vista, es más que meritorio.
  2. Su sacrificio: Tomar el camino estético que ella hizo suyo, implicó, como cualquier acto revolucionario, consecuencias amargas para su vida. Una de ellas, fue el ser etiquetada como inmoral en una sociedad que se ufanaba de ser el centro de los correctos principios. Si bien, su posición económica y política le favorecieron, es claro que fue señalada y apartada de los círculos sociales que les eran próximos. Su vida emocional, también padeció, a causa de su vocación.
  3. Su compromiso social: Aunque pudo alejarse de la realidad de su país y de su entorno, Débora se sumergió por completo en la realidad del momento histórico que vivía Colombia. Agudizó sus sentidos y desde su expresión, señaló las injusticias, las contradicciones, la doble moral y la miseria que vivimos día a día y que sufren los relegados de un sistema que los cosifica y los usa de acuerdo a sus propios intereses. Débora nunca calló y por el contrario, si grito, lo hizo muy fuerte.
IB: - Sigue siendo Débora tan luminosa como para que aún Colombia no le reconozca del todo su figura y su importancia? 
 AS: Lo es, pero tristemente Colombia todavía no termina de apreciarla y mucho menos de visualizarla en el panorama de nuestra nación como una de las más grandes sociólogas y antropólogas de lo que llamaríamos la “colombianidad”. Débora es mucho más que una pintora.
IB: - A tu juicio, quedan todavía entre nosotros rezagos de esa censura y esa incomprensión vivida por la gran pintora?
AS: Yo no diría “rezagos”. Pienso que estamos viviendo todavía en el siglo XIX. Y si lo digo, no es únicamente por el atraso de infraestructura, por la ausencia de educación de nuestro pueblo, por servicios de salud inexistentes o por los descarados brotes de corrupción. Lo digo principalmente por el descortés escenario eterno donde el control de un país está y ha estado en manos de las mismas familias (o cacicazgo, como se quiera llamar) que acomodan las leyes, los delitos y los destinos económicos, políticos y más que todo, los de carácter moral a su entera conveniencia.
En esa conveniencia mórbida, esa doble moral compartida por todos y esa validación de la corrupción, una figura como Débora no tiene cabida. Débora era denuncia; una denuncia limpia, desprovista de intereses y cargada de una honestidad brutal, como dice Andrés Calamaro.
IB: - Sería válido considerarla como una feminista temprana? Como una anarquista o una libre-pensadora inserta en un mundo rígido y consuetudinario?
AS: Pienso que uno de los rasgos que nos catalogan como “mortales” es la necesidad de poner etiquetas. Un ser inmortal como Débora no las admite. Creo que Débora es por encima de todo una mujer llena de fuerza, de energía y que como todo genio, está repleta de lucidez y de una gasolina cósmica que la hizo adelantarse a su tiempo y ser tan actual como lo puede ser el periódico de hoy. Con los sentidos abiertos a su entorno y una mente crítica y siempre inquieta, Débora se convirtió en una voz que a través de su pintura y su arte, nos habló de frente y con una crudeza que asustó a los que siempre han estado acostumbrados a asustar.  
IB: - ¿Qué imaginas que estaría haciendo ella si siguiera con vida y tomara parte de la tragicomedia actual?
AS: La constante en la maestra fue siempre su encierro. Pareciera que en Casablanca encontraba el ambiente preferido para expresar todo lo que tenía en su cabeza y en su alma. Pienso que, fiel a esa poderosa convicción que tenía, estaría enclaustrada en su casa, expresando a través de sus pinturas la catarata del sinsentido nacional; con dibujos de animales y bestias/monstruos con pieles nuevas pero con los mismos espíritus inmundos de siempre, estaría denunciando, poniéndonos a pensar, mostrándonos en la cara las incoherencias de las que somos juez y parte. Un artista como ella jamás cerraba su boca y son sus pinturas un cúmulo de hermosos lamentos y, como dice Spinetta, “recuerdos del futuro”. 


miércoles, 7 de marzo de 2018

Déjala Morir (Entrevista)

1.    "Déjala Morir" está basada en personas y hechos reales. ¿De qué manera eso influye en el proceso creativo y narrativo de la serie?

Influye profundamente porque eso implica tomar la realidad de una persona y un contexto verídico como derrotero para armar el relato de ficción. En ese sentido, el trabajo es doble porque no solo implica armar los elementos dramáticos necesarios para encantar al público sino que además se necesita extraer lo que funciona de la realidad y “moldear” algunos eventos sin que se irrespete la esencia del personaje.


2.    Un personaje y una historia con tantos matices implicó seleccionar lo que se podía/debía contar y lo que no. ¿Cómo se determinó o seleccionó al momento de escribir?
Creo que una de las grandes limitaciones fue el asunto del tiempo que teníamos para poder contar una vida tan rica y atractiva como la de Emilia. La música fue trascendental para organizar el relato. Lo primero en lo que pensé fue en determinar cuáles eran los temas de la vida de Emilia que más le marcaron su alma. Encontré que el amor, la maternidad y la música fueron fundamentales en ella; Emilia giraba en torno a eso con mucha fuerza. Entonces escogí algunas de las canciones que más podían servir como marco de referencia y/o banda sonora/espejo de esos momentos y ya teniendo eso claro, la organicé por capítulos. Está claro que lo que procuré fue que cada episodio mostrara una cierta tendencia temática (un capítulo al amor, otro a la familia, otro a la fama, a la música, etc), traspasado obviamente por los otros detalles de su vida que armonizaban la narración en segundo plano. Algunos aspectos obviamente, se complementaron con las entrevistas a personas reales, más concretamente con su hija Nelly Herrera.

3.    En su forma, la serie nos muestra ficción mezclada con entrevistas a personas reales, imágenes "detrás de cámara", animaciones y gráficos apoyados por un off. ¿Cuál era la intención?
Ahorrar presupuesto. Notamos, cuando estaban escritos los libretos, que había muchísimas escenas, que por presupuesto y por tiempos de grabación, no podían llevarse a cabo. Yo pude ponerme soberbio y cerrarme a una transformación del guion y de la estructura que había concebido. Pero nunca fue así. Nunca en mi carrera he concebido la escritura como un proceso finalizado en el papel. Sabíamos que había que sacar esto adelante y por eso, junto a Ramsés Ramos (director de actores) y Carlos Alberto García (mi asistente de libretos) me encerré en el apartamento de Edwin Salcedo (productor de la serie) para analizar escena por escena y ver cuáles se podían y se tenían que representar tal cual estaban escritas y qué otras se debían representar de otra manera. Entonces, ahí sentados, leyendo, fuimos encontrando un sistema narrativo que convirtió la carencia en oportunidad. De tal manera que echamos mano de Nelly Herrera para que apareciera relatando algunas anécdotas (escenas que estaban escritas y que había que verlas contadas por ella); el recurso de la niña Emilia dando una entrevista ficcionada, basada en una entrevista que otorgó en su momento la Niña Emilia real a un periodista (esa entrevista estaba pensada y escrita desde el libreto pero se extendió un poco más en la grabación);  el proceso de Aida Bossa a la hora de ir metiéndose en el personaje (que fue una idea de Ramsés, quien estaba obsesionado con eso) y finalmente otro aporte de Ramsés que fue el uso de los avisos picoteros como paso de tiempo y de transiciones dramáticas que si bien estaban en el papel, no estaban concebidas en esa forma.
Como se ve, repito, convertimos la carencia en oportunidad y casi sin quererlo, terminamos al final, encontrando una narración bastante interesentante y trasgresora. Lo único que me dolió fue la cantidad de escenas y de situaciones que quedaron realmente por fuera.  O sea, las que no se pudieron representar de ninguna forma por un asunto de tiempo. Echamos a la basura, tristemente, unas dos horas más. Y hablo de un material tremendo.

  1. Alrededor de la historia de Emilia se movieron dos personajes importantes : Su comadre Irene, y su hijo, al que le termina cantando la famosa "Coroncoro". ¿Se pensó en algún momento en que los hilos de ambas historias se podrían haber estirado un poco más, o siempre se pensaron como afluentes de la historia central?
Como dije anteriormente, el reto más grande fue el de la condensación mezclado con el ajuste presupuestal y de plan de rodaje. Las condiciones fueron realmente difíciles. “Dejala morir” fue mi primera serie escrita para un canal público. Normalmente las limitaciones que tuve en la miniserie son nimiedades para los canales privados.
Y claro: la historia tenía en sí misma una “gasolina” dramática abundante; tanto como para poder extender algunas líneas. Dije en la respuesta anterior que había sobrado muchísimo material escrito que tocó mutilar por las razones dadas. Estoy convencido de que al menos el doble o el triple de capítulos hubiera sido adecuado y se hubiera podido contar sin problema alguno. Uno como guionista tiene que asumir con cuánto se cuenta a nivel presupuestal y de tiempo para poder organizar la historia. Si las condiciones hubieran sido distintas, hubiera extendido esas líneas e incluido mucho más sobre la vida misma del personaje. La línea de Irene era maravillosa.Y claro que hubiera contado también su vida; como también la de otro personaje que influyó en ella y que era de su familia: Magín Díaz; así como también muchos otros que deambularon por el mundo de Emilia. 
Pero no fue así porque no se podía.  No hay problema. Me adapto y escribo en las condiciones en las que esté. Y así fue el producto que salió. Y fue contundente y exitoso. Tal vez podamos escribir más adelante algo más sobre ella, o una temporada nueva sobre ese universo. En fin, ya veremos. No descarto nada. Lo cierto es que el mundo de Emilia es muy atractivo y abundante en historias.

  1. ¿Cómo participó la familia de Emilia en la historia televisiva?

Desde el minuto cero la familia Herrera está presente. De hecho, la persona que me contacta para que cuente la historia fue la hija de Emilia, Nelly Herrera.
Nos conocimos porque yo había escrito una escena en El Joe, la leyenda (una telenovela que escribí en el 2011 para el canal RCN) donde aparecía el personaje de la Niña Emilia cantando “El Coroncoro”. Quien interpretó a Emilia en esa escena, fue Nelly. A partir de ahí nos conocimos y a pesar de que yo sabía de Emilia y conocía su música, le pedí a Nelly que me enseñara mucho más acerca de su mamá con el fin de saber hasta dónde tenía potencial una posible serie. Ella escribió varias páginas sobre anécdotas y vivencias de ella con su madre y comprendí que teníamos algo muy poderoso entre manos.
Apenas se presentó la oportunidad en Telecaribe, seis años después, no dudé en desempolvar el proyecto. Nelly fue vital en la veracidad del relato. A diferencia de las dos producciones anteriores que había escrito (El Joe la leyenda y Celia), quise que Déjala Morir fuera lo más apegada a la realidad. Nelly entonces se desempeñó como una especie de “vigilante” permanente que asegurara que no me iba a desviar del objetivo.
Ya luego, en grabaciones, ella participa dando testimonios y estando al lado de Aida Bossa, Ramsés Ramos y Alessandro Basile (director) para orientarlos en cuanto a las interpretaciones actorales y algunos detalles que fueron desde la escenografía, hasta el vestuario, pasando por locaciones incluso.

Pero no solo Nelly estuvo vinculada. También sobrinos y nietos de Emilia, quienes aparecen como figurantes y lo más importante: como coristas de las canciones que interpreta Aida en la serie.

5. Como narrador, ¿Cómo considera que puede contribuir la ficción televisiva a la formulación de un tejido social distinto en la actual coyuntura colombiana?
Estoy convencido de que la ficción televisiva tiene una gran responsabilidad para transformar algunos relatos que a mi juicio, tienen que ver con una desacertada interpretación de valores y discursos sociales en los que se ha caído en este país. También el narrador debe provocar reflexiones acerca de estereotipos y modelos dañinos que están tristemente atornillados en el imaginario nacional para reinterpretarlos de una forma más constructiva y menos oscura.
Los escritores (de televisión, de cine, de literatura, etc)  tenemos un poder enorme en nuestras manos. Hablando desde mi óptica, debo decir que estoy en franco desacuerdo con el desarrollo y la emisión de series, plagadas de historias que refuerzan esos desgraciados estereotipos de los que hablaba. Creo que al escribir historias de superación, de valor, de entereza; con personajes que, a pesar de la adversidad, no entran en linderos delictivos ni destruyen o perjudican los derechos de los demás, se construye un relato distinto y mucho más inspiracional y positivo que luego se replica en la sociedad y que la retroalimenta.
Colombia necesita historias como las de Emilia. El aporte de los escritores a un país distinto tiene también que ver con un filtro interior que nos haga dirigir nuestra selectividad hacia ese tipo de historias.

  1. ¿Es posible pensar en consolidar un modelo de producción de ficción en la televisión pública colombiana?
Yo valoro los esfuerzos que se hacen y los aplaudo. Pero es tremendamente difícil generar un modelo de producción digno si seguimos maniobrando con los paupérrimos presupuestos con los que se cuenta. Competir es algo serio; y si vamos a competir de verdad, tenemos que competir con calidad. La calidad tiene mucho que ver con los profesionales que hacen la televisión. En mi caso, yo participé en una serie como Déjala Morir sabiendo que el presupuesto era limitado porque me propuse escribir un producto que quedara en la memoria de mi región; algo así como regalarle a mi tierra y al canal una historia de ficción poderosa y esplendorosa que jamás había tenido en sus más de 30 años de vida; quería que tuviéramos un producto que hablara acertadamente de tolerancia, de resiliencia, de empoderamiento femenino, de música, de racismo, de valores; que redimensionara a una artista valiosa que ya estaba condenada al olvido; en fin, un producto que fuera un modelo a seguir narrativamente hacia delante y que al menos yo, pudiera, como costeño, mostrarle con orgullo a mis propios hijos… por todo eso lo hice. Pero uno lo hace una vez. Si se invita a participar en la segunda serie o la tercera, uno necesita como profesional, remuneraciones acordes. Porque uno lo puede hacer con el mismo amor, pero los sueldos tienen que ser consecuentes a personas como nosotros  que , sin pecar de inmodesto, tenemos experiencia, premios, fracasos y éxitos a cuestas. El trabajo vale y si se quiere calidad, hay que pagar por ella. Mientras eso no se resuelva con seriedad desde las gerencias y desde la ANTV, los contenidos que se hagan serán mediocres, porque serán hechos por gente mediocre y en el terreno de la mediocridad es difícil conseguir un modelo de producción decente, con lo cual, la televisión pública correría el riesgo de vivir plagada de personas inadecuadas jugando a hacer ficción sin fabricarla con el nivel de impacto que se merece.


  1. ¿Qué percepción tienen de la recepción de la serie por parte del público?
Uno habla desde el objetivo cumplido. Por mi parte, cumplí lo que me propuse. La pregunta entonces habría que hacérsela al público.

  1. ¿Podría la televisión pública colombiana convertirse en un laboratorio de ideas y proyectos de ficción distintos a los de la televisión privada?
Lo del “laboratorio de ideas” es un concepto que le fascina usar a algunos funcionarios públicos con el único fin de aprovechar el mismo concepto para pagar mal a los creativos que llevan a cabo ese “laboratorio” y escudarse en falencias de gestión. A mi me duele que desperdiciemos lo que tenemos como región, y que tanto talento, y que tantas historias por contar, y que tantas locaciones maravillosas, no se aprovechen por  los pocos recursos con los que se cuenta. Recursos que además, son nuestros porque salen de nuestros impuestos. Recursos que uno no sabe adónde van a parar.
Nosotros deberíamos tener la oportunidad, como creativos, de usar, como usted dice, los espacios de los canales públicos para romper estructuras narrativas, para experimentar, para marcar la diferencia. Pero tristemente, el poco presupuesto hace que empleen a personas que hacen productos de ficción con muy poco impacto, precisamente porque no tienen la experiencia ni el peso para llevarlos a cabo con éxito.
El éxito es fundamental para que la gente conozca el producto y lo deje entrar en su memoria despojándolo del rótulo de acartonamiento con el que el televidente percibe a los canales públicos. Algunas personas y trabajadores del sector público audiovisual concibe el éxito y lo comercial como algo dañino para la escencia de los canales. No es así. El éxito es necesario y puede convivir también con la búsqueda de lenguajes distintos, de experimentos, de transgresiones, de reintepretación de la cultura y de reflexión de país, que son temas propios de los canales públicos. Pero lo dejo claro: si no hay éxito e impacto, no pasa nada y es por eso que, por ejemplo, nadie se acuerda de otras series de ficción que en el caso de Telecaribe ( y de otros canales regionales), se han hecho. Porque no son exitosas. Si nadie las ve, ¿de qué se habla entonces? ¿Para qué se hacen?
Yo sueño con canales públicos como los de otros países, en donde los profesionales se maten por trabajar ahí, pues no solo les permiten jugar con la creatividad y la temática sino que son bien remunerados, a veces hasta mejor que en los canales privados.

El reto es difícil, el panorama se antoja hermoso y por eso hay que seguir insistiendo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Paula Vizcaya pregunta… y yo contesto.

Esta es una serie de preguntas para la tesis de grado de Paula Vizcaya, referente a mi primera novela "MARTIRIO".

PAULA: Chaverri define a Cruz y Olvido como una novela catártica en la medida en que responde a ciertos recursos estilísticos como lo son: lo grotesco, lo esperpéntico y lo macabro.
Dichos recursos se encuentran presentes también en diferentes fragmentos de Martirio. Lo grotesco en la página 153 con el texto “Eulalia convulsionó mientras saqué de mi bolsillo un cuchillo plateado y se lo introduje sin piedad por su anciana vagina”. Lo esperpéntico en la página 31 cuando se evidencia una crítica social “Cerca de La Candelaria no hay clínicas, hay morgues. Las clínicas se hicieron solamente para los ricos. Los pobres solamente van a sitios que creen que son clínicas pero que en realidad no lo son. Adónde van los pobres, no hay médicos sino funebreros vestidos de blanco que esperan a que te mueras”. Y finalmente lo macabro se encuentra presente en todo el capítulo final que habla de la muerte de Doña Eulalia.
¿Para Andrés fue en alguna medida catártico el poder usar estos recursos en su discurso?
ANDRÉS SALGADO: Creo que sí porque como te dije anteriormente me parece que yo estaba lleno del pensamiento que tengo, esto por ejemplo de que no existen hospitales sino morgues disfrazadas para los pobres, no existen médicos sino funebreros vestidos de blanco, creo que son formas poéticas de decir lo que yo siempre pienso, yo siento que el mundo no está hecho para la gente que no tiene con qué y creo que el personaje protagónico no tenía con qué, entonces es un poco la realidad de lo que él vivía y la sensación que él sentía de estar excluido de la sociedad y de no tener una forma clara de desarrollarse, de realizarse, de crecer, de trabajar y sentirse todo el tiempo excluido, como realmente se sienten la mayoría de gente excluida, entonces sí creo que hay una sensación de liberación mía porque yo sentía, de hecho me acuerdo que cuando lo escribía, sentía un gran placer, al terminar de escribirlo, cuando lo terminaba y lo volvía a leer un poco antes de dormir, porque yo escribí el libro por capítulos, siempre por pedazos, entonces cuando yo terminaba de escribir eso, yo lo volvía a leer sentía una gran felicidad, una sensación de paz, de alegría, de tranquilidad de saber que había quedado algo afuera que había podido expresarlo y eso me daba mucha tranquilidad.
PAULA: ¿Cómo influyó el proceso creativo de esta historia en la vida de Andrés?
ANDRÉS: Como todas las historias, a pesar de que esta es la primera literaria, pero como todas las historias, aunque no sé cuántas habré hecho en televisión, siento que sí influye mucho porque creo que me reaviva un poco el tema de la vida, me ayuda a comprenderme más, poderlo ver en el tiempo es poder saber quién era yo en ese momento, qué estaba sintiendo yo en ese momento, en qué estado anímico de turbulencia o de alegría, o euforia, o depresión, que tipo de ánimo podía llegar a tener en ese momento. Sí siento que influye mucho porque me permite revisar, aunque yo no soy muy de revisarme, yo no suelo ser así, pero sí permite de alguna manera mirar sobre lo que estaba pensando en ese momento. Fíjate por ejemplo que un tiempo, hace unos días, que estaba viendo (es una cosa de televisión), estaba viendo Celia, y había una escena donde a ella se le muere el padre y yo la estaba viendo, vi la escena y lo que ella le estaba diciendo a Pedro que era su interlocutor era exactamente lo mismo “una culpa que yo sentí con mi verdadero padre” porque a ella se le muere el padre sin ella estar presente, a ella se le muere el padre sin ella estar pendiente, a ella se le muere el padre sin ella poderlo ir a enterrar. Entonces yo vi la escena y todo lo que ella decía era lo que yo en un momento de mi vida sentí cuando mi papá se murió en un país del exterior, entonces yo en ese momento en el que escribí esa escena, estoy completamente convencido de que yo no pensé en eso, te lo juro, uno no va a ponerse a pensar “¡ay! Voy a hablar sobre…” no, uno escribe la escena. Cuando la vi, dije: “el inconsciente habló,” o sea era yo hablando de lo que yo sentía, fue el mismo discurso, el mismo texto, en ese momento, como que es una especie de alarma, un recorderis de mirar como estás con tus pensamientos, pero no es un proceso psicológico profundo que yo coja la obra y la autoanalice. Simplemente me parece que son unos puntos de encuentro donde yo pienso y reviso muy brevemente sobre la situación en la que estoy en mi vida o en la que estuve en mi vida.
PAULA:     ¿Consideras que configurar esta historia a través de los signos y símbolos propios del lenguaje escrito generó de alguna manera un proceso de catarsis distinto al que hubiera podido generarse a través de un lenguaje plástico u oral?
ANDRÉS: No lo sé porque no soy artista plástico, tampoco soy narrador oral, ni soy actor, mi herramienta, el mundo en el que yo me desenvuelvo y en el que sé, mi manera de expresión, mi forma de comunicarme al mundo es a través de los textos, o sea yo solamente escribo, no lo sé si fuese de otra manera porque no he llegado a esos territorios ni tampoco me interesa llegar allí.
PAULA: ¿Cuál es el valor de haber abordado la narración de esta historia desde una novela literaria y no, por ejemplo, desde un guión?
ANDRÉS: Porque  pienso que la decisión de escribir obedece por un lado a la parte técnica, y yo no quiero acercarme al universo del cine porque se parece a la televisión, son como las mismas dinámicas entonces yo quería probar otra cosa… pero por el otro lado me parece mejor el tema de escribir literatura porque tengo un tiempo, es una cosa mucho más solitaria, puedo evitar que el texto termine transformándose que es lo que pasa a nivel televisivo, lo que escribes termina siendo muchas veces otra cosa, pero eso es natural, es una cosa orgánica que termina haciendo parte de todo esto; pero en cambio la literatura es tan cruda que la única persona que puede transformar algunas cosas es tu editor, y el editor es un editor que busqué con lupa para encontrar ese editor que no me censurara, porque esta novela sin duda por su lenguaje, yo no la llevé nunca a una editorial grande pues estoy seguro de que no hubiera pasado porque está metida dentro de una forma esperpéntica, grotesca, soez, con un lenguaje duro, y que creo que la cosa hubiera sido distinta. En ese sentido me sentí muy cómodo en la literatura porque siento que permite explorar profundamente la psicología y los sentimientos de un personaje que en el cine no hubiera podido presentarse.
PAULA:    Desde el punto de vista experiencial se evidencian dos momentos importantes, la experiencia estética y la experiencia intelectual, para así dar paso al gran momento de experiencia vital que es lo que finalmente desemboca en un proceso catártico. ¿Considera Andrés que su proceso tuvo estos dos momentos? ¿experimentó estéticamente y en carne propia las emociones de algunos eventos de la narración? ¿experimentó intelectualmente el escribir el libro? ¿Considera Andrés que llegó al punto de experiencia vital en el que se re-significaron hechos o sentimientos que hacen parte de su historia personal?
ANDRÉS: Sí, todo sí, porque a nivel estético yo quería que la historia tuviera esa forma, no es una cosa inconsciente, no, fue de manera deliberada, yo quería que tuviera ese lenguaje, quería que tuviera esos diálogos, esas palabras, quería explorar estéticamente eso. Y a nivel intelectual hubo todo un diseño y una preparación de quién era el personaje, cuál era su universo, dónde se podía mover, pero más allá cuál era la verdad que yo quería contar, porque yo creo que todo parte de una verdad y creo que si hay algo que se sienta en la novela es que es verdadera, uno no siente que haya una cosa maquillada, es real, y en ese sentido yo creo que esa verdad que está detrás, tiene que ver con el hecho de que intelectualmente esté diseñada, en que el personaje esté nutrido, en que los ambientes estén realmente asumidos, y claro la combinación de todo eso evidentemente es una experiencia que vitalmente me conecta y me deja evidentemente enseñanzas, que también creo que el público lo percibe. Si hay algo claro en Martirio es que el público la siente real, o sea si hay algo claro en Martirio es la gente: o no tolera pasar más de la primera página, o la gente la lee toda y la asume, lo deja marcado, estremece, toca, manosea, porque es verdadera, y es tan verdadera como cuando la gente lee la primera página y dice “yo no puedo con esto porque es demasiado real” dicen, o “es grotesca, es muy fuerte” pero no, la palabra es verdadera y eso hace que cualquier cosa toque mucho más las fibras y un poco yo trato que así sean las cosas que escribo para televisión, que se sienta real, eso implica un gran riesgo porque montar un producto marketing, un producto maquillado digamos, eso tiene un camino pero no se sabe hasta qué punto eso es verdadero. Es mejor uno poder sentir que fracasó porque se convenció de algo y eso fue lo que llevó a cabo y no funcionó (pero uno queda tranquilo de que uno fue honesto)… es mejor eso a fabricar una cosa de mentiras y luego fracasar es horrible, eso sí me parece horrible.
PAULA:   Desde la perspectiva catártica, ¿Considera que fue suficiente el distanciamiento temporal entre los hechos reales y el tiempo de escribir? ¿Cree que haber escrito esta novela hace 10 años hubiese tenido el mismo efecto?
ANDRÉS: No, yo creo que no. Yo tengo claro cuales son las 3 novelas que siguen y ya están firmadas de hecho, pero mi editor me decía que por qué la cuarta novela, después de éstas tres que vienen, por qué la cuarta novela no era una segunda parte de Martirio, que él sentía que el universo puede dar para mucho más y que en mi recorrido podría hacer un Martirio dos, tres, cuatro, o sea como volver a encontrarnos en ese lugar tan rico según él, y yo la verdad siento que vitalmente en este momento de mi vida yo podría volver a escribirla, pero siento más ganas de escribir otras cosas, me llama la atención escribir sobre otras ideas, sobre otros personajes, otros universos, que volver a Martirio, en este momento, no sé si más adelante. Hay momentos en la vida en los que uno no está dispuesto para hacer ciertas cosas, y digamos que eso mismo me pasó con Martirio, si yo la escribiera hoy, no podría, siento que ya es un tema pasado, siento que ya está superado, siento que muchos dolores se cerraron, yo usé mucho Martirio como un acto de desahogo, como un acto de poder expulsar todo lo que había en mi que no me dejaba dormir, que me angustiaba, yo tuve una época realmente dura en ese momento y creo que Martirio fue el resultado y el cierre de todo y creo que Martirio sirvió para eso, para exorcizarme.
PAULA:     Durante el proceso catártico hay un momento clave que es el de crisis, éste es el momento en el que se reviven distintas experiencias y hay nerviosismo, risas, llanto, sudoración etc. ¿Durante el proceso de escritura de Andrés, experimentó ésta etapa con alguna de estas muestras?
ANDRÉS: sí, más una sensación. Me acuerdo que en ese momento la desconexión mía con la sensibilidad y la ternura y la dulzura era muy evidente en esa época, yo estaba tan herido que no quería ser tierno, no quería ser dulce, no quería experimentar amor, estaba lleno de una cantidad de ira, de rabia, que a la larga toda rabia, toda ira, psicológicamente, tiene detrás un gran dolor, y detrás de un gran dolor lo que hay es una gran tristeza, eso es una cosa real. Yo realmente lo que estaba era deprimido, solo que mi manera de asumir el bajón era a través de la ira y creo que Martirio fue ese palacio, ese reino donde yo pude ser el dueño de mi propia ira y de alguna manera distorsioné una cantidad de vivencias y de cosas que pude haber vivido metiéndolas dentro de ese discurso de ira, de rabia, de odio; Martirio pudo haberse llamado “Rabia” pero me gustó más el tema de llamarlo Martirio porque reflejaba un gran dolor; el dolor de él hacia ella, que realmente ella era una excusa, o es una excusa para marcar un abandono, para marcar una soledad, para marcar una decepción con el mundo, con muchas cosas del mundo. Me habían quitado a mi padre y creo que eso era una forma de sentirme abandonado, yo me sentía estafado, me lo quitaron de una manera muy cruda, sin él haber hecho nada tan cruel como para que me lo hayan quitado de esa manera tan cruel, yo no le perdonaba eso al mundo, y sobre todo me lo quitaron cuando yo había recuperado con él muchas cosas, llevábamos con él 5 años de reconexión, estábamos quizás en el mejor momento, yo me iba a casar, me acuerdo, y él iba a ir al matrimonio, todo estaba dispuesto y luego me entero de toda su muerte, y creo que Martirio es un poco la respuesta de eso, de cuánto yo sufrí y cuánto me dolió, cuánto odié al mundo por lo que me hizo, y sentía que el mundo era culpable y de hecho hay frases donde se ve, “el mundo me debe esto, el mundo me lo tiene que pagar” y esas cosas me parece que están ahí. Entonces sí creo que hubo esos sentimientos donde en esa época probablemente en medio de las líneas de Martirio lloraba o reía, pero no estaba colocado, yo no estaba equilibrado, anímicamente no estaba equilibrado. Estaba siendo presa de una marea de odios, de alegrías raras, porque no eran alegrías reales, eran alegrías muy raras, eran encuentros sexuales demoniacos, no había ternura, eran unas cosas mucho mas extrañas y muchas veces fantasiosas, digamos que la mitad de lo que ocurría probablemente yo lo deliraba o lo ilusionaba entonces creo que todo eso formó parte de un desequilibrio anímico entonces por supuesto Martirio era el sitio donde yo me estrellaba con eso.


La siguiente pregunta, habla precisamente de eso.

PAULA: ¿Son las siguientes palabras de Andrés Salgado, de Alberto Salgado (su padre) o simplemente del personaje Alberto? “Claro que me debe algo. Todos en este mundo me deben algo” página 21
ANDRÉS: Está clarísimo, tal vez era yo en ese momento; mi papá no, mi papá era un tema distinto. Tengo claro que uno no puede negar el ADN, es una cosa clarísima, yo tengo claro qué partes de mi papá yo he heredado y tengo claro qué parte de mi mamá he heredado, pero de alguna forma ese que hablaba era yo, no era tanto el personaje, es decir, usé el personaje, y no fue algo que hice intencionalmente en ese momento, yo no dije “voy a usar un personaje para…” no, simplemente si tú lo miras ahí evidentemente era yo, o sea muchas cosas soy yo diciéndole al mundo “me deben algo”, “me deben a mi papá”, básicamente.

PAULA: “Me sentí desprotegido y fui tras ella como si fuera mi madre” Pagina 31. ¿Alguna vez Andrés Salgado se ha sentido así frente a una mujer?

ANDRÉS: No, yo no creo que sea exactamente frente a una mujer, si hay algo que me remite a esa frase no es tanto a una mujer, sino a momentos de abandono. Yo recuerdo por ejemplo, cuando yo tendría, no sé, 5 años, 6 años, recuerdo que mi mamá y mi papá se iban a trabajar y yo me iba a la escuela en la mañana y regresaba en la tarde, y recuerdo que la sensación de soledad mía era tan brava. Yo fui un niño que en su primera infancia fue muy solo y rodeado más que todo de ancianos, en el segundo piso de la casa había familiares de mi mamá muy viejos, y me acuerdo de un momento de estar en el patio de mi casa gritándole a mi mamá que viniera, como tratando de que ella me oyera y viniera. Hace poco también le contaba a alguien que yo cuando estaba pequeño veía mucho las calles y miraba los lugares donde yo podría esconderme, esa era mi obsesión en ese momento, yo veía un huequito o un rinconcito yo me imaginaba que ahí yo armaba una casa y yo vivía ahí. Era como un tema de esconderme y ya he hablado sobre eso, el tema del abandono era muy duro para mi, a mi me cuesta mucho el tema de soltar. Soltar es una cosa que para mi es muy fuerte y de alguna manera sublimo mucho. Yo no soy de los que va detrás de una mujer a decirle “no te vayas”, no. No lo hago por una cuestión también de personalidad pero sí sublimo mucho y me demoro mucho en terminar de cortar los lazos, por eso mis relaciones cuando se terminan, se demoran mucho en desconectar todos los cables; primero porque yo conecto muchos cables, hago que ella se enchufe mucho y hay mucho enredo para desenredar al final, y se demora mucho la desenredada y eso me genera unas despedidas muy largas, por eso quizás tenga que ver esa figura del ir detrás como si fuera mi propia madre. Son esos pensamientos.

PAULA: Para Andrés significa algo que “uno a veces se pasa la vida dándole vueltas a cosas que no son, precisamente la vida misma…” Pagina 33

ANDRÉS: (risas) Sí,  hay unas frases que a mi me parecen que son divinas, suena feo decirlo pero hay cosas que son muy bonitas y creo que esa es una de ellas, y en este momento parece que yo me hablo y es muy masturbatorio, pero mira que bien me cae hoy esa frase, tengo que agradecerme a mi mismo que me hizo acordar de eso. Muchas veces estamos dándole vueltas a cosas que no son y sí, yo lo creo profundamente, lo que trato es siempre de no olvidarme de eso, hay momentos en que me olvido,  y no tenía presente esa frase, porque es una de las cosas que más me angustia, perder el tiempo, pero muchas veces suelo también ser muy disperso y a veces entro en esos territorios donde pierdo el tiempo.

PAULA: “El país que van a ver es el mismo país de inmundicias, son las mismas mentiras de un pueblo sometido por unos dirigentes mentirosos y ruines. Leer el periódico en este país es como participar de un karma, todos los días, como jugar a la ruleta de la misma realidad, una realidad sosa, bruta, propia del país, y de los dirigentes que tenemos” Pagina 37. ¿ Es este el país en el que vive Andrés Salgado?

ANDRÉS: Sin duda.

PAULA: “Y después, como unos niños buenos, como se los enseñaron en su casa papá y mamá, se montan en sus carros grandes o pequeños, deportivos o familiares, y salen a una oficina que los atrapa todo el día y que los va carcomiendo” Pagina 39. ¿Esta descripción se asemeja de alguna manera a la vida que la familia de Andrés hubiera querido que él tuviera? O ¿es solamente una critica a un contexto generalizado?

ANDRÉS: Tiene de las dos cosas, yo creo que es una crítica pero además era algo que mi papá alguna vez me dijo. Mi papá siempre pensaba, y una de las cosas que más me metió en la cabeza fue “aléjate de esas vidas, de repetición, de esas cosas que te matan, que te alienan, esas cosas cuadriculadas, de protocolo” El era muy alérgico a ese tipo de cosas y creo que yo también lo terminé heredando. No tiene nada que ver con tener un orden, con tener una rutina. La rutina es buena, si yo no la tuviera estaría en un desastre horrible. Pero el tema es de no dejar que te embrutezcas, es el tema de no dejarte manosear, de no dejarte alienar por un sistema que esta diseñado para eso.

PAULA: “Maldita sea la hipocresía de la religión. Malditos sean los seres humanos que viven a costillas de eso” Pagina 47. ¿Es la familia de Andrés perteneciente a una religión? ¿Cree que esa religión entra también en esa hipocresía de la que habla en su libro? ¿Alguna vez se los ha dicho?

ANDRÉS:  Mi mamá es muy religiosa y yo estudié en un colegio de curas pero corté con la religión cuando ya entré a la adultez. No practico la religión, la religión me parece una mafia, hemos tenido discusiones muy civilizadas con mi mamá, pero ella lo ha entendido, mi mamá entiende perfectamente que yo me he distanciado. La religión me parece hipócrita básicamente porque el ser humano no es santificado, la religión es hipócrita en la medida en que parte del hecho de que el ser humano es un ser humano santo, es un ser humano distinto. La religión niega, o bueno, la mayor parte de ella, sobre todo la más ortodoxa, niega ese lado humano que es el que yo no puedo entender, entonces cómo es posible que un adolescente sienta remordimiento de conciencia o tenga que confesarse porque le dan ganas de masturbarse, es la humanidad, somos eso, es parte de nuestra naturaleza, eso no es un pecado. Satanizar situaciones humanas, orgánicas, naturales me parece hipócrita y por eso creo yo que la hipocresía tiene que ver con eso. Pero sin duda también tiene que ver con la reacción ante un contexto en el que yo crecí, muy religioso, yo vivía en una familia muy religiosa, más que todo de mi mamá, y un colegio absolutamente religioso.

PAULA: Alberto describe ese 23 de Diciembre con gran melancolía y un completo desacuerdo con cómo viven los bogotanos la navidad alrededor de regalos y lo banal. Luego de esto dice “Aquella Navidad era igual a las demás”. ¿Qué representa la navidad para Andrés? ¿Cómo se vivían las navidades en su familia?

ANDRÉS Las Navidades en mi casa eran completamente amorosas, completamente llenas de dulzura, de amor, de cariño, de amigos, una Navidad maravillosa. Esto no tiene absolutamente nada que ver conmigo, esto es una cosa que tiene que ver con el personaje. Pero mira que en ese momento de la historia yo odiaba muchas cosas y tal vez la Navidad tampoco me gustaba, pero es claro que todo estaba traspasado por un gran dolor entonces yo creo que en ese momento probablemente la Navidad si era lo mismo, era algo que me desagradaba. Pero no tiene nada que ver con eso.


Yo quiero como resumir un tema, yo nunca he sido un tipo ni maltratado, ni violentado, ni regañado, ni castigado, ni prohibido, ni no querido, para nada. Yo tengo una familia absolutamente amorosa, una familia unida, una familia de principios y una familia que es tan así, que entiende lo que soy, que entiende como soy y no le pone enredos al asunto. Hace poco, por ejemplo, ponía un videíto en Instagram donde yo decía “mucha gente cree que soy un drogadicto, que me la paso metiendo y yo no tengo ni idea de fumar” hay muchas cosas que uno puede sublimar o fantasear. Pero también hay una ambigüedad ahí sobre lo que uno hace, cuando uno hace ese tipo de cosas la gente cree, o la gente piensa que uno es eso y eso es muy ingenuo de la gente. Es como pensar que el actor es el personaje y ese tipo de cosas. Ahora, hay gente que se queda montada en su propia obra, hay gente que escribe sobre su realidad, pero yo, simplemente, creo una realidad, evidentemente hay cosas que están ahí, que son reales pero no todo es real, quiero dejar clara esa diferencia.